Capítulo 11
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La confianza y el amor
Tramo 14 de 16
¿Qué va aser, pues, de mí? ¿Moriré de dolor al verme tan impotente? ¡Oh!, no, ni siquiera me afligiré. Con audaz confianza allí me quedaré contemplando fijamente mi divino Sol hasta la muerte. Nada podrá arredrarme, ni el viento, ni la lluvia. Y si espesos nubarrones ocultan el Astro de Amor,si me parece que no creo en la existencia de otra cosa que en la noche de esta vida, éste será el momento de la dicha perfecta, el momento de extremar mi confianza hasta el último límite, guardándome de desertar de mi sitio, enterada de que tras esos tristes nubarrones sigue brillando mi dulce sol.
¡Oh, Dios mío, hasta aquí comprendo el amor que me tenéis! ¡Pero Vos sabéis que muy a menudo me distraigo de mi única ocupación, me alejo de Vos y mojo mis alitas, apenas formadas, en los miserables charcos de agua que encuentro en la tierra! Entonces “ gimo como la golondrina”; este gemido os lo descubre todo, y os acordáis, ¡oh misericordia infinita!, “que no vinisteis a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
No obstante esto, si permanecéis sordo a los plañideros arrullos de vuestra ruin criatura, si seguís ocultándoos, consiento en quedarme mojada y transida de frío, gozándome también de este sufrimiento, aunque gozando de dulce paz... Sé que todas las águilas de vuestra corte celestial me tienen lástima, me protegen y me defienden espantando a los buitres, imagen de los demonios, que quisieran devorarme. Mas no les temo, no estoy destinada a ser su presa, sino la del Aguila divina.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.