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La paz de Cristo en nuestro hogar

Ilustración de una casa en estilo iconográfico, sobre fondo dorado

Paz a esta casa

Oración y bendición del hogar

Abramos la puerta al Señor. Pongamos en sus manos la vida que compartimos y pidamos que su paz habite entre nosotros.

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Índice

Preparar el encuentro

Reúnanse con quienes viven en la casa, en un lugar sereno. Dispongan una Biblia y dejen unos instantes de silencio. Pueden invitar a familiares y amigos.

Si se utiliza agua bendita, sea como memoria del Bautismo y signo de confianza en Dios, según corresponda a quien guía la oración.

Las indicaciones en letra pequeña orientan la celebración. Las respuestas destacadas corresponden a todos.

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Comenzamos en su nombre

Todos hacen la señal de la cruz.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

TodosAmén.

Si preside un sacerdote o diácono

La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes.

TodosY con tu espíritu.

Si guía un familiar u otro laico

Pidamos juntos al Señor que nos conceda su paz y nos mantenga unidos en su amor.

TodosAmén.

Señor Jesús, tú quisiste compartir nuestra vida y aceptaste la hospitalidad de quienes te acogían. Entra en este hogar; acompaña nuestras alegrías y nuestras penas, y enséñanos a vivir en tu amor.

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Escuchamos la Palabra

Se leen los pasajes con calma. Después del Evangelio, se guarda un momento de silencio; quien preside puede ofrecer una breve reflexión.

Primera lectura

Colosenses 3, 12–15

Que la paz de Cristo presida vuestros corazones

De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.

12Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia,

13soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros.

14Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección.

15Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos.

Palabra de Dios.

TodosTe alabamos, Señor.

Salmo

Salmo 127 [126], 1–2

El Señor sostiene nuestro hogar

Respuesta · Súplica de la asambleaSeñor, habita en nuestro hogar.

1Si Yahveh no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si Yahveh no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia.R. Señor, habita en nuestro hogar.

2En vano madrugáis a levantaros, el descanso retrasáis, los que coméis pan de fatigas, cuando él colma a su amado mientras duerme.R. Señor, habita en nuestro hogar.

Evangelio

Lucas 10, 5–9

Paz a esta casa

Escuchemos las palabras del santo Evangelio según san Lucas.

5En la casa en que entréis, decid primero: “Paz a esta casa.”

6Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros.

7Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.

8En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan;

9curad los enfermos que haya en ella, y decidles: “El Reino de Dios está cerca de vosotros.”

Palabra del Señor.

TodosGloria a ti, Señor Jesús.

Biblia de Jerusalén · Edición aportada por la parroquia. Procedencia y notas de lectura.

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Credo de los Apóstoles

Después de escuchar la Palabra, todos profesan la fe con el Símbolo apostólico.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Texto íntegro del Credo de los Apóstoles del oratorio parroquial.

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Oramos por todos

Confiemos al Padre las necesidades de la Iglesia, del mundo y de este hogar. A cada intención respondemos: Escúchanos, Señor.

  1. Por la Iglesia y el Papa

    Por la santa Iglesia, extendida por toda la tierra, y por el Papa: que el Espíritu Santo los sostenga en la fidelidad al Evangelio, fortalezca la comunión y haga de cada comunidad un hogar abierto a quienes buscan a Dios. Oremos.

    TodosEscúchanos, Señor.

  2. Por los pueblos y la paz

    Por todos los países del mundo, por sus pueblos y sus gobernantes: que busquen la justicia, protejan la dignidad de cada persona y trabajen por la paz; que cesen las guerras y que el diálogo abra caminos de reconciliación. Oremos.

    TodosEscúchanos, Señor.

  3. Por quienes sufren

    Por quienes sufren en cualquier lugar del mundo, especialmente por los enfermos, los agonizantes, los pobres y cuantos padecen cualquier necesidad: que reciban consuelo, cuidados y ayuda, y que encuentren en nosotros cercanía y solidaridad. Oremos.

    TodosEscúchanos, Señor.

  4. Por quienes viven en esta casa

    Por quienes viven en esta casa y por quienes llegan a ella: que el Señor bendiga sus trabajos y su descanso, sostenga a quienes están cansados y haga crecer entre ellos el amor, el perdón y la alegría; que este hogar sea un lugar de paz y de acogida. Oremos.

    TodosEscúchanos, Señor.

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Padre Nuestro

Con la confianza de los hijos, pongamos en manos del Padre nuestra casa, nuestras alegrías y nuestras preocupaciones. Unidos a Jesús y a toda la Iglesia, oremos como él nos enseñó:

Todos rezan unidos.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

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Visita, Señor, este hogar

Oración tradicional de Completas. Quien guía la oración la pronuncia con recogimiento; en la oración familiar se mantienen las manos juntas.

Visita, te rogamos, Señor, esta morada y aleja de ella todas las asechanzas del enemigo. Que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz; y que tu bendición permanezca siempre sobre nosotros. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Traducción de lectura del latín, ya utilizada en el oratorio parroquial.

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Que tu Espíritu habite entre nosotros

Súplica por la familia.

Padre bueno, derrama tu Espíritu Santo sobre quienes viven en esta casa. Que tu gracia acompañe sus días y que tu amor sea el fundamento de su vida.

Concédeles los dones de sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, ciencia, piedad y santo temor de Dios. Enséñales a reconocer tu voluntad, a elegir el bien y a perseverar en tu amistad.

Haz madurar en ellos los frutos de tu Espíritu: el amor, la alegría y la paz, la paciencia y la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí. Que sepan escucharse, perdonarse y compartir con quienes tienen menos.

Protégelos de todo mal y de las insidias del maligno. Aparta de este hogar la violencia, el engaño y el rencor. Sostén a los enfermos, consuela a quienes lloran y renueva la esperanza de quienes están cansados.

Que cuantos crucen esta puerta encuentren acogida; que nadie se sienta solo y que, en las alegrías y en las pruebas, esta familia permanezca unida a ti.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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Con María, nuestra Madre

Confiemos este hogar al cuidado maternal de la Virgen María.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón.

Mírame con compasión; no me dejes, Madre mía. Amén.

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Letanías de los santos

Opcional · Recomendado

Puede ser hermoso prolongar esta oración con las Letanías de los santos, pidiendo su intercesión por la familia y recordando a sus santos patronos.

Se conserva aquí el texto completo publicado en el oratorio, con las invocaciones a san Alberto Hurtado y santa Teresa de los Andes.

Letanías de los santos · Texto completo del oratorio (opcional)

Selección de invocaciones tradicionales; para las celebraciones litúrgicas se usa el formulario propio de los libros aprobados.

Súplicas iniciales

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

María y los ángeles

Santa María, ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.

Santa Virgen de las vírgenes, ruega por nosotros.

San Miguel, ruega por nosotros.

San Gabriel, ruega por nosotros.

San Rafael, ruega por nosotros.

Todos los santos ángeles y arcángeles, rogad por nosotros.

Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados, rogad por nosotros.

Patriarcas y profetas

San Juan Bautista, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros.

Todos los santos patriarcas y profetas, rogad por nosotros.

Apóstoles y discípulos

San Pedro, ruega por nosotros.

San Pablo, ruega por nosotros.

San Andrés, ruega por nosotros.

Santiago el Mayor, ruega por nosotros.

San Juan, ruega por nosotros.

Santo Tomás, ruega por nosotros.

Santiago el Menor, ruega por nosotros.

San Felipe, ruega por nosotros.

San Bartolomé, ruega por nosotros.

San Mateo, ruega por nosotros.

San Simón, ruega por nosotros.

San Judas Tadeo, ruega por nosotros.

San Matías, ruega por nosotros.

San Bernabé, ruega por nosotros.

San Lucas, ruega por nosotros.

San Marcos, ruega por nosotros.

Todos los santos apóstoles y evangelistas, rogad por nosotros.

Todos los santos discípulos del Señor, rogad por nosotros.

Mártires

Todos los santos inocentes, rogad por nosotros.

San Esteban, ruega por nosotros.

San Lorenzo, ruega por nosotros.

San Vicente, ruega por nosotros.

Santos Fabián y Sebastián, rogad por nosotros.

Santos Juan y Pablo, rogad por nosotros.

Santos Cosme y Damián, rogad por nosotros.

Santos Gervasio y Protasio, rogad por nosotros.

Todos los santos mártires, rogad por nosotros.

Pastores y doctores

San Silvestre, ruega por nosotros.

San Gregorio, ruega por nosotros.

San Ambrosio, ruega por nosotros.

San Agustín, ruega por nosotros.

San Jerónimo, ruega por nosotros.

San Martín, ruega por nosotros.

San Nicolás, ruega por nosotros.

Todos los santos obispos y confesores, rogad por nosotros.

Todos los santos doctores, rogad por nosotros.

Religiosos y servidores de la Iglesia

San Antonio Abad, ruega por nosotros.

San Benito, ruega por nosotros.

San Bernardo, ruega por nosotros.

Santo Domingo de Guzmán, ruega por nosotros.

San Francisco de Asís, ruega por nosotros.

San Alberto Hurtado, ruega por nosotros.

Todos los santos sacerdotes y diáconos, rogad por nosotros.

Todos los santos monjes y ermitaños, rogad por nosotros.

Santas mujeres

Santa María Magdalena, ruega por nosotros.

Santa Águeda, ruega por nosotros.

Santa Lucía, ruega por nosotros.

Santa Inés, ruega por nosotros.

Santa Cecilia, ruega por nosotros.

Santa Catalina de Alejandría, ruega por nosotros.

Santa Anastasia, ruega por nosotros.

Santa Teresa de los Andes, ruega por nosotros.

Todas las santas vírgenes y viudas, rogad por nosotros.

Todos los santos

Todos los santos y santas de Dios, interceded por nosotros.

Cordero de Dios

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

Conclusión

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Padrenuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Selección editorial para la oración personal, basada en el bloque de invocaciones de la forma romana tradicional, documentada en 1889. Traducción de lectura propia del latín histórico, con fórmulas españolas tradicionales; algunos nombres se explicitan para identificar al santo. Se conserva íntegro el bloque de santos de esa fuente, junto con las súplicas iniciales y la conclusión. No es la reproducción íntegra de las rogativas de 1889 ni una traducción litúrgica oficial vigente.

Las letanías de la Vigilia Pascual, bautismo, ordenaciones y otras celebraciones tienen formularios, opciones y peticiones propios; no debe sustituirse su texto aprobado por esta selección.

Los nombres de santos y las respuestas en singular o plural se muestran completos para facilitar la oración.

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Permanecer en su paz

Todos hacen la señal de la cruz mientras se dice:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Que la paz recibida se vuelva escucha, perdón y acogida en la vida de cada día.

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Sobre esta guía y sus fuentes

Guía pastoral de la parroquia con una selección bíblica, oraciones tradicionales y textos propios. No es una transcripción íntegra del Bendicional. Para una celebración litúrgica, el sacerdote o diácono seguirá el libro aprobado y sus indicaciones.

Las lecturas se han extraído del PDF de la Biblia de Jerusalén aportado por la parroquia, identificado en su primera página como versión de 1976. Se conserva la grafía «Yahveh» de esa copia. Salmo 127 en esa edición corresponde al 126 de la numeración litúrgica.

Lucas 10, 5–9 y el salmo se proponen en el capítulo X del Bendicional; Colosenses 3, 12–15 es una elección pastoral complementaria. La respuesta al salmo, las intercesiones y la súplica al Espíritu son textos propios de esta guía.

La oración «Visita, te rogamos, Señor» procede de la tradición de Completas; su traducción de lectura no se presenta como fórmula litúrgica oficial. Es una súplica dirigida a Dios, sin órdenes a los espíritus, promesas de protección automática ni fórmulas de exorcismo.

Para la proclamación litúrgica se emplea la traducción aprobada y se siguen las normas de la Iglesia sobre el nombre divino.