Guíame, Luz bondadosa, entre las sombras que me rodean; guíame tú. La noche es oscura y estoy lejos de casa; guíame tú. Sostén mis pasos; no te pido ver el paisaje lejano: un solo paso me basta.
No siempre fui así, ni te pedía que me guiaras tú. Me gustaba elegir y ver mi camino; pero ahora, guíame tú. Amaba el día deslumbrante y, pese a mis temores, el orgullo gobernaba mi voluntad: no recuerdes los años pasados.
Tu poder me ha bendecido tanto tiempo que, sin duda, seguirá guiándome, por páramos y pantanos, por peñascos y torrentes, hasta que pase la noche; y con la mañana sonreirán aquellos rostros de ángeles que amé hace tanto tiempo y perdí por un momento.