Señor Jesús, me pongo ante ti con mis deseos y mis temores, con lo que entiendo y lo que todavía me confunde. Envíame tu Espíritu y enséñame a discernir.
Ayúdame a reconocer lo que se mueve en mi corazón: lo que hace crecer la fe, la esperanza y el amor, y lo que me encierra en mí mismo y me aleja de ti. Dame luz para acoger el bien y rechazar el engaño.
Que sepa escuchar tu llamada a cambiar cuando me acomodo en el mal, y recibir tu aliento cuando intento seguirte. Enséñame a reconocer tu voz también cuando me corriges.
Líbrame de confundir tu voluntad con mis gustos y de tomar por tuya cualquier idea que me entusiasme. Ayúdame a mirar su comienzo, su camino y sus frutos: si me conduce a amar más, a servir mejor y a permanecer fiel a tu Evangelio.
Cuando llegue la desolación, sostén mi esperanza. Que el desaliento no me haga abandonar precipitadamente las decisiones buenas que he tomado en tu luz. Dame paciencia para orar, pedir consejo y esperar. Cuando llegue el consuelo, enséñame a agradecer y a reconocer que todo lo recibo de ti.
Ante las dos banderas, Jesús, quiero estar contigo. Descubre las trampas del enemigo: la codicia que me ata a lo que poseo, la vanidad que me hace depender del aplauso y la soberbia que me lleva a ponerme por encima de otros.
Recíbeme bajo tu bandera. Dame pobreza de espíritu y libertad para compartir mis bienes; valor para seguirte aun en la incomprensión; humildad para servir sin reclamar honores. Hazme cercano a los pequeños y disponible para el bien.
María, acompáñame en esta búsqueda y pide para mí la gracia de seguir a tu Hijo. Padre bueno, ordena mis deseos en tu amor y dame la valentía de elegir lo que más te agrada.
Que mis decisiones se conviertan en obras de amor. Señor, muéstrame el siguiente paso y dame la gracia de darlo contigo. Amén.