Evangelio del día
Mateo 23, 23–26
Cristo no desprecia las observancias pequeñas: enseña que la justicia, la misericordia y la fidelidad deben dar verdad a todo gesto exterior.
La Palabra
Mateo 23, 23–26
La lectura completa permanece en la integración diaria del sitio.
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Limpiar primero el corazón
Al comentar este pasaje, san Juan Crisóstomo observa que Jesús denuncia una inversión: exigir gran precisión en asuntos menores mientras se descuidan los mandatos de mayor peso. Cristo no autoriza el abandono caprichoso de los deberes pequeños. Señala que ninguno de ellos puede sustituir la justicia, la misericordia y la fidelidad.
El problema no es la atención, sino una atención desordenada. Cuando lo secundario ocupa el centro, la conciencia puede sentirse satisfecha sin haber mirado el dolor ajeno, reparado una injusticia o cumplido lealmente la palabra dada.
La imagen de la copa conduce el comentario hacia el interior. La limpieza del alma se refleja necesariamente en lo exterior, mientras que una apariencia cuidada no garantiza un corazón limpio. La oración, la liturgia, el servicio y las palabras religiosas se vuelven transparentes cuando están acompañados por una conducta justa, una misericordia concreta y una fidelidad perseverante.
Para vivirlo hoy podemos cumplir una promesa, escuchar sin dureza, reparar un daño o acercarnos a quien necesita misericordia. Así lo exterior deja de ser una fachada y se convierte en fruto visible de la gracia.
Oremos
Oración final
Señor Jesús, limpia nuestro corazón y ordena nuestras prioridades. Danos hambre de justicia, entrañas de misericordia y una fidelidad humilde en lo grande y en lo pequeño. Que nuestros gestos exteriores nazcan de una vida reconciliada contigo y se conviertan en bien para nuestros hermanos. Amén.


