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Homilía diaria

Evangelio · comentario pastoral · oración

Jesús entra en Jerusalén montado en un asno, seguido por discípulos; la multitud lleva ramas y un niño extiende un manto en el suelo.
La Entrada en JerusalénEl asno y el niño que tiende su manto muestran una realeza humilde. Cristo avanza hacia Jerusalén sin abandonar su misión. La imagen puede acompañar la palabra en que Jesús declara su fidelidad al camino y expresa su deseo de reunir a la ciudad.Kiko Argüello y su equipo · La Entrada en Jerusalén · Archivo visual de la Parroquia Santos Apóstoles ↗
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La fidelidad que sigue ofreciendo refugio

Ante la amenaza de Herodes, Jesús continúa su camino y expresa su deseo de reunir a Jerusalén. Su amor fiel respeta nuestra libertad y nos enseña a buscar la comunión sin imponerla.

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Evangelio del día

Lucas 13, 31-35

Ante la amenaza de Herodes, Jesús continúa su camino y expresa su deseo de reunir a Jerusalén. Su amor fiel respeta nuestra libertad y nos enseña a buscar la comunión sin imponerla.

Leccionario del día

La mesa de la Palabra.

  1. Primera lecturaEfesios 6, 10-20
  2. SalmoSalmo 143, 1-2. 9-10
  3. EvangelioLucas 13, 31-35

La Palabra

Lucas 13, 31-35

31 En aquel mismo momento se acercaron algunos fariseos, y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.» 32 Y él les dijo: «Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. 33 Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén. 34 «¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! 35 Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

Texto: Biblia de Jerusalén · edición entregada por la parroquia

Comentario pastoral

La fidelidad que sigue ofreciendo refugio

Jueves 29 de octubre de 2026 Jueves de la XXX semana del Tiempo Ordinario Ciclo dominical A · Ciclo ferial II Primera lectura: Efesios 6, 10-20 Salmo: Salmo 143, 1-2. 9-10 Evangelio: Lucas 13, 31-35

Un camino que la amenaza no gobierna

Algunos fariseos se acercan a Jesús para advertirle que Herodes quiere matarlo. Conviene atender a ese detalle: el Evangelio no presenta a todos los fariseos de la misma manera. Aquí comunican un peligro. Jesús responde que seguirá realizando curaciones y liberaciones, y que debe continuar su camino. La amenaza no decide el sentido de su misión.

Su firmeza nace de la fidelidad al Padre. El Señor no deja de hacer el bien porque alguien lo rechace, ni reduce su vida a escapar del adversario. Camina hacia Jerusalén, donde entregará su vida. Nosotros escuchamos estas palabras sabiendo que la cruz desembocará en la resurrección: el amor con que Dios nos busca atravesará también nuestra violencia.

Sin embargo, el centro de este pasaje no tiene la dureza de una confrontación. Tiene el dolor de una llamada: «¡Jerusalén, Jerusalén!» Jesús desea reunir a sus hijos como una gallina cobija su nidada bajo las alas. Para hablar de su cuidado escoge una imagen cercana, vulnerable y cálida. Quiere ofrecer refugio, reunir lo disperso, preservar la vida.

El amor que llama por su nombre

San Juan Crisóstomo, comentando este lamento en el Evangelio de Mateo, escucha en la repetición del nombre de Jerusalén una expresión de compasión y de amor. La imagen de las alas manifiesta la protección que Dios ofrece. El rechazo no ha borrado su deseo de acercar a quienes ama, ni ha convertido su llamada en indiferencia.

Podemos detenernos bajo esas alas. A veces vivimos dispersos entre preocupaciones, lealtades enfrentadas y palabras que hemos dejado sin reparar. El Señor conoce esa dispersión y nos invita a volver. Su gracia precede nuestro regreso: antes de que encontremos el modo de responder, Él ya ha salido a buscarnos. Nadie necesita hacerse digno de ser buscado.

Pero el Evangelio también dice: «y no habéis querido». Nuestra respuesta importa. Podemos cerrarnos a una ayuda, aplazar una reconciliación o defender con obstinación una conducta que nos hace daño. El amor de Dios no vuelve indiferentes nuestras decisiones. Precisamente porque somos amados, nuestra libertad es llamada a una respuesta verdadera.

La advertencia sobre la casa que queda desamparada impide trivializar ese rechazo. Cerrarnos al Señor tiene consecuencias; también nuestras rupturas hieren la vida compartida. Aun así, el pasaje termina nombrando una bendición dirigida al que viene de parte de Dios. Podemos escuchar esa palabra como una invitación a disponernos para recibirlo, en vez de prolongar nuestra resistencia.

El Concilio Vaticano II explica en Dignitatis humanae que Cristo invitó pacientemente a creer, dio testimonio de la verdad y nunca la impuso por la fuerza. Su entrega en la cruz procura nuestra salvación y libertad. La Iglesia debe aprender de ese modo de actuar cuando anuncia la fe y acompaña la respuesta de cada persona.

Este lamento tampoco permite condenar al pueblo judío. Nostra aetate enseña que la pasión de Cristo no puede atribuirse indiscriminadamente a los judíos de entonces ni a los de hoy, y rechaza el antisemitismo. Al escuchar a Jesús dirigirse a Jerusalén, estamos llamados a reconocer nuestras propias resistencias, sin convertir el texto en acusación contra otro pueblo.

Reunir sin forzar

La primera lectura describe una lucha espiritual sostenida por la verdad, la justicia, la fe y la oración. Sus imágenes de combate necesitan leerse desde el Evangelio de la paz. Las personas no son enemigos que debamos destruir. También cuando hace falta oponerse firmemente a una injusticia, nuestra manera de hacerlo debe cuidar la dignidad humana.

Pensemos en alguien con quien se ha enfriado una relación. Tal vez podamos ofrecer una conversación serena, reconocer una falta propia o dejar de repetir una versión injusta de lo sucedido. Reunir comienza muchas veces por ese trabajo humilde. El resultado no estará enteramente en nuestras manos: la otra persona conserva su libertad y sus tiempos.

La imagen del refugio también pide prudencia. No exige regresar a una situación de violencia ni tolerar el daño para mantener una apariencia de unidad. Hay distancias que protegen y límites que necesitan ser respetados. Una reconciliación verdadera requiere verdad, seguridad y cambios concretos. Podemos desear el bien de alguien sin permitirle seguir lastimando.

Jesús continúa caminando. Su fidelidad nos permite volver a empezar sin negar lo ocurrido. Si hoy descubrimos una resistencia dentro de nosotros, llevémosla a la oración con sencillez. Quizá la respuesta posible sea pequeña, pero puede ser verdadera. Bajo las alas de su misericordia hay lugar para un corazón que empieza a dejarse reunir.

Oremos

Oración final

Señor Jesús, refugio de quienes te buscan, reúne nuestro corazón disperso. Danos libertad para responder a tu gracia y paciencia para acompañar a los demás. Aparta de nosotros la violencia y el desprecio; haznos fieles a tu verdad y a tu misericordia. Amén.

La oración de la Iglesia

Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.

Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.

Rezar la Liturgia de las Horas

En comunión y al servicio de nuestra comunidad

PárrocoParroquia de los Santos Apóstoles

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Palabra y tradición

Fuentes para seguir profundizando.

Las referencias se presentan separadas del comentario pastoral.