Evangelio del día
Mateo 21, 28-32
El primer hijo dice no y después va; el segundo pronuncia una obediencia que nunca llega a los hechos. Dios no nos encierra en la primera respuesta: todavía espera una conversión verdadera.
Leccionario del día
La mesa de la Palabra.
- Primera lecturaEzequiel 18, 24-28
- SalmoSalmo 24, 4-9
- Segunda lecturaFilipenses 2, 1-11
- EvangelioMateo 21, 28-32
La Palabra
Mateo 21, 28-32
28 «Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.”
29 Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue.
30 Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue.
31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» «El primero», le dicen.
Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios.
32 Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.»
Texto: Biblia de Jerusalén · edición de 1976
Comentario pastoral
El Dios que todavía espera nuestro sí
Dos maneras de estar lejos
Un hijo rechaza al padre con palabras y luego obedece con la vida. El otro usa el lenguaje correcto, pero nunca entra en la viña. Jesús muestra que también se puede permanecer lejos detrás de un «sí, Señor» impecable.
La pregunta no es quién habló mejor, sino quién hizo la voluntad del padre. La fe cristiana no desprecia la confesión verbal; exige que alcance las obras.
La posibilidad de cambiar
El primer hijo no queda definido por su negativa inicial. «Después se arrepintió y fue». Dios deja abierto el después. San Agustín es testigo de esa paciencia: una vida puede atravesar resistencias, búsquedas y errores hasta descubrir que el corazón solo descansa en Dios.
La conversión no es emoción de culpa, sino cambio de dirección. El hijo entra en la viña. Siempre hay un gesto concreto que da cuerpo al regreso.
Los que llegan antes
La frase de Jesús hiere la suficiencia religiosa. Publicanos y mujeres despreciadas creyeron a Juan. Quienes conocían el lenguaje sagrado no permitieron que la verdad alterara su posición.
Nadie está excluido por su pasado y nadie está asegurado por su reputación. El Reino se recibe con una libertad que se deja convertir.
Oración por Chile
En el Día de Oración por Chile, la parábola examina nuestros «síes» nacionales. Podemos declarar amor a la patria y no entrar en la viña del bien común. La oración se vuelve verdadera cuando conduce a honradez, respeto, cuidado de los vulnerables y responsabilidad cotidiana.
Santa Teresa de los Andes amó a Cristo en una vida muy concreta de familia, amistad, estudio y comunidad. Su santidad chilena recuerda que el país se transforma también en lo escondido: una relación reconciliada, un trabajo bien hecho, una palabra limpia.
La obediencia del Hijo
San Pablo contempla a Cristo, que no se aferró a su rango y se hizo obediente hasta la cruz. Él es el Hijo cuyo sí perfecto sana nuestras negativas y nuestros cumplimientos vacíos.
No entramos en la viña para demostrar autosuficiencia. Entramos unidos a su obediencia, sostenidos por la gracia.
Quizá ayer dijimos no. El Padre se acerca hoy y vuelve a llamarnos «hijo». Podemos cambiar de dirección. Quizá dijimos sí muchas veces sin movernos. Hoy una obra sencilla puede devolver verdad a la palabra. Dios todavía espera, y su espera es misericordia.
El padre que se acerca a dos libertades
La parábola no presenta un hijo bueno y otro irremediablemente malo. Muestra dos respuestas incompletas. El primero rechaza y luego va; el segundo acepta y no va. El padre se dirige a ambos con la misma petición y deja espacio para que la libertad se revele en el tiempo.
Dios no se limita a escuchar nuestra primera palabra. Permanece atento al movimiento posterior. Esta paciencia permite que un no se convierta en sí y desenmascara un sí que nunca llegó a la vida.
San Agustín y el «después» de Dios
La biografía de san Agustín está atravesada por demoras, búsquedas y resistencias. Su madre rezó, la Escritura lo inquietó y diversas voces prepararon el momento en que la gracia alcanzó su voluntad.
Su conversión muestra que el pasado no posee la última palabra. Dios puede trabajar durante el largo «después». Lo que parecía tiempo perdido se vuelve memoria de misericordia y capacidad de comprender a otros buscadores.
Arrepentirse y entrar en la viña
El primer hijo no queda en un sentimiento de culpa. Cambia de dirección y va. El arrepentimiento bíblico tiene movimiento. Reconoce, vuelve y realiza la voluntad posible.
Una conversión que nunca alcanza una decisión corre el riesgo de convertirse en emoción repetida. A veces el paso es reparar, ordenar una relación, cumplir un deber o pedir ayuda. La viña espera obras.
La seguridad del segundo hijo
El «voy, señor» suena respetuoso. Jesús lo dirige a quienes poseen reconocimiento religioso y, sin embargo, no recibieron la llamada de Juan. La cercanía exterior puede producir una falsa seguridad.
Ninguna función eclesial sustituye la conversión. Podemos conocer las respuestas y resistir la voluntad. La parábola pide escuchar nuevamente como principiantes.
Publicanos y prostitutas entran primero
La frase de Jesús escandaliza porque afirma que personas públicamente pecadoras respondieron a la llamada, mientras quienes parecían preparados no creyeron. El Reino no confirma jerarquías de reputación.
Esto no celebra el pecado. Celebra la conversión. Nadie queda excluido por haber dicho no y nadie entra por mantener una imagen correcta.
Orar por Chile con obras
En el Día de Oración por Chile, el Evangelio examina los síes colectivos. Declarar amor a la patria es insuficiente si no se entra en la viña del bien común. La oración auténtica abre los ojos a la responsabilidad.
Entrar puede significar honradez en el trabajo, cuidado del agua y la tierra, respeto por quien piensa distinto, protección de la infancia, atención a los mayores y compromiso con quienes viven en pobreza. La patria se ama en actos.
Santa Teresa de los Andes y la voluntad ofrecida
Teresa de los Andes buscó pertenecer enteramente a Cristo. Su alegría no fue evasión de la vida, sino concentración del deseo. En su juventud comprendió que el sí a Dios debía alcanzar afectos, proyectos y sufrimientos.
Su figura chilena recuerda que la santidad no es importada ni ajena a nuestra cultura. Puede crecer aquí, con nuestros vínculos y fragilidades, cuando la libertad se deja conducir.
Rembrandt y el regreso
La imagen del hijo pródigo ilumina la parábola desde otra escena. El hijo que se había alejado vuelve y encuentra las manos del padre. La conversión no termina en la puerta; es recibida dentro de una relación restaurada.
Dios no nos envía a la viña para cobrar una deuda. Nos devuelve a la casa y nos confía una tarea. La obediencia es respuesta filial, no intento de comprar amor.
El sí de Cristo
Nuestros síes son frágiles. El Evangelio descansa finalmente en la obediencia del Hijo, que entró plenamente en la voluntad del Padre. Unidos a Él podemos comenzar otra vez.
Hoy importa menos la primera respuesta que el paso presente. Si dijimos no, todavía existe un después. Si dijimos sí, es hora de entrar. La viña está delante y el Padre continúa llamándonos hijos.
El después que comienza hoy
No podemos cambiar la primera respuesta ya dada, pero sí el movimiento presente. La libertad conserva una puerta mientras escuchamos al Padre.
Si debemos reparar, conviene elegir un acto verificable. El arrepentimiento encuentra paz cuando sale de la generalidad y entra en la viña.
Si hemos vivido muchos años cerca, pidamos no confundir antigüedad con obediencia. La Palabra todavía puede mostrarnos un sector sin trabajar.
Por Chile, ofrezcamos un sí concreto y discreto. La patria se construye cuando la oración alcanza el deber cotidiano y cada hijo entra en la parte de la viña que le fue confiada.
Oremos
Oración final
Padre paciente, no nos encierres en nuestras primeras negativas ni permitas que nos escondamos detrás de palabras correctas. Únenos al sí obediente de Cristo. Bendice a Chile y convierte nuestra oración en honradez, servicio y cuidado de los más frágiles. Por intercesión de santa Teresa de los Andes, haz santa la vida cotidiana y danos la alegría de entrar hoy en tu viña. Amén.
La oración de la Iglesia
Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.
Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.


