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Homilía diaria

Evangelio · comentario pastoral · oración

Un viñador se inclina junto a una higuera sin fruto, frente al propietario; una herramienta descansa en el suelo.
El viñador y la higueraEl viñador pide otro año para cuidar la higuera. La súplica no niega la falta de fruto: propone cavar, abonar y volver a esperar. Tissot da forma visible a una paciencia que trabaja. La misericordia de Dios abre un tiempo real de conversión y compromete al discípulo con un cuidado concreto. Ante esta escena de Lucas 13 podemos preguntar qué terreno necesita hoy nuestra atención y qué fruto puede nacer de la gracia recibida.James Tissot, El viñador y la higuera, 1886–1894. Brooklyn Museum, adquirido por suscripción pública, 00.159.82. Fotografía del Brooklyn Museum vía Wikimedia Commons; dominio público. ↗
← Volver a Homilía diariaSábado de la XXIX semana · San Antonio María Claret

La paciencia que trabaja la tierra

Jesús rechaza culpabilizar a las víctimas y nos llama a convertirnos. La paciencia de Dios trabaja nuestra tierra para que el amor dé fruto.

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Evangelio del día

Lucas 13, 1-9

Jesús rechaza culpabilizar a las víctimas y nos llama a convertirnos. La paciencia de Dios trabaja nuestra tierra para que el amor dé fruto.

Leccionario del día

La mesa de la Palabra.

  1. Primera lecturaEfesios 4, 7-16
  2. SalmoSalmo 121, 1-5
  3. EvangelioLucas 13, 1-9

La Palabra

Lucas 13, 1-9

1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. 2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. 4 O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? 5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.» 6 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. 7 Dijo entonces al viñador: “Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?” 8 Pero él le respondió: “Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, 9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.”»

Texto: Biblia de Jerusalén · edición entregada por la parroquia

Comentario pastoral

La paciencia que trabaja la tierra

Sábado 24 de octubre de 2026 Sábado de la XXIX semana del Tiempo Ordinario; San Antonio María Claret (memoria libre) Ciclo dominical A · Ferial II Lecturas: Efesios 4, 7-16; Salmo 121, 1-5; Lucas 13, 1-9

A Jesús le llegan noticias terribles: unos galileos han sido asesinados por Pilato. Él recuerda además a dieciocho personas que murieron al derrumbarse una torre. La violencia y los accidentes irrumpen en la conversación, como irrumpen tantas veces en la nuestra. Surge una pregunta que puede ser cruel cuando la formulamos sobre otros: ¿qué habrán hecho para merecerlo? Jesús corta esa sospecha. Los que sufrieron no eran por ello más culpables que quienes seguían vivos.

Conviene dejar que esa respuesta limpie nuestra mirada. Una enfermedad, una catástrofe o la pérdida de un ser querido no nos permite dictar sentencia sobre la calidad de la fe de una persona. El Evangelio no entrega una explicación detallada del origen de cada desgracia. Nos impide convertir el dolor ajeno en una prueba de nuestra supuesta superioridad. Ante quien sufre, el primer deber no es construir una teoría que nos tranquilice, sino acercarnos con respeto, escuchar y ayudar en lo que podamos.

Sin embargo, Jesús también llama a todos a convertirse. La palabra μετανοῆτε (metanoête), «os convirtáis», aparece en esa advertencia. Su sentido aquí se reconoce en la respuesta que reclama: abandonar el pecado y volver a Dios. No basta reducirla a tener una opinión diferente. La fragilidad que vemos en otros recuerda que nuestra vida también es limitada y que el amor no debería quedar siempre para después. Esta llamada nos alcanza sin concedernos autoridad para juzgar el destino eterno de las víctimas.

Luego aparece una higuera que ocupa tierra buena y no da fruto. El dueño lleva tiempo buscando y no encuentra. El viñador pide un plazo, pero acompaña su petición con trabajo: cavará alrededor y echará abono. La paciencia tiene manos. No consiste en mirar indefinidamente una esterilidad que nada intenta cambiar. Hay una nueva oportunidad porque alguien se compromete a cuidar ese árbol. Podemos escuchar en ella la misericordia que nos precede y que, precisamente por amarnos, espera una respuesta viva.

Los frutos no se miden todos del mismo modo. Una persona que lucha con una gran fragilidad puede estar dando un paso enorme aunque apenas se note desde fuera. Acompañar requiere paciencia y respeto por ese proceso. Solo Dios conoce plenamente el corazón; nosotros podemos ofrecer cuidado sin convertirnos en dueños del crecimiento ajeno.

San Agustín, en el Sermón 110, ve en la higuera una figura de la humanidad y en el tiempo concedido una llamada al arrepentimiento. Su lectura nos hace entrar personalmente en la parábola. Resulta fácil identificar árboles estériles en los demás; es más fecundo reconocer qué parte de nuestra vida necesita ser trabajada. La oración de la Iglesia por los pecadores, que Agustín relaciona con la intercesión del cultivador, nos recuerda además que nadie se convierte completamente solo.

Francisco, al comentar este pasaje el 24 de marzo de 2019, subrayó que Dios ofrece tiempo para cambiar y que su paciencia no debe alimentar nuestra pereza espiritual. La misericordia abre el futuro. En Jesús, el Padre se acerca a nuestra tierra herida; el Hijo entrega su vida y resucita para librarnos del pecado y de la muerte. No hay rivalidad entre un Padre que quisiera destruir y un Hijo que quisiera salvar. Es el único amor de Dios el que nos busca, nos sostiene y nos llama a dar fruto.

La carta a los Efesios habla hoy del crecimiento del cuerpo de Cristo, en el que cada miembro coopera para edificar en el amor. Quizá el fruto que falta necesita una ayuda que todavía no hemos querido pedir. Puede ser acompañamiento espiritual, una confesión preparada con sinceridad, tratamiento para una adicción o apoyo para reparar una conducta dañina. Buscar ayuda no disminuye la acción de la gracia. Es una manera humilde de abrirle el terreno y de dejar de confiar exclusivamente en nuestra fuerza.

Podemos terminar esta jornada eligiendo un paso pequeño, pero verificable. Reducir una ocasión de pecado, cumplir una reparación pendiente, recuperar un tiempo de oración o acompañar a alguien que está intentando empezar de nuevo. No sabemos cuánto durará nuestro camino; sabemos que hoy hemos escuchado la voz del Señor. Su paciencia nos permite levantarnos sin fingir que todo está bien. Bajo la tierra trabajada pueden estar naciendo raíces que aún no vemos. Respondamos al cuidado recibido: todavía hay vida que puede convertirse en fruto para otros.

Sobre la palabra griega

μετανοῆτε (metanoête): Presente de subjuntivo, segunda persona plural: aparece en la condición sobre convertirse.

Oremos

Oración final

Señor Jesús, gracias por tu paciencia con nuestra tierra estéril. Acoge nuestro deseo de conversión, ayúdanos a pedir ayuda y haz fecunda nuestra vida en obras de amor. Amén.

La oración de la Iglesia

Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.

Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.

Rezar la Liturgia de las Horas

En comunión y al servicio de nuestra comunidad

PárrocoParroquia de los Santos Apóstoles

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Palabra y tradición

Fuentes para seguir profundizando.

Las referencias se presentan separadas del comentario pastoral.