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Homilía diaria

Evangelio · comentario pastoral · oración

Un hombre presenta una moneda a Jesús, que viste rojo y azul y levanta una mano; otro hombre observa detrás.
El tributo de la monedaEn El tributo de la moneda, Tiziano presenta la controversia sobre lo que corresponde al César. La moneda ofrecida y el gesto de Cristo acompañan una pregunta que alcanza nuestras lealtades. Cumplir las responsabilidades temporales deja intacta la pertenencia de la persona entera a Dios. La dignidad humana no cabe en la efigie de una moneda ni queda agotada por las exigencias del poder.Tiziano, El tributo de la moneda, c. 1560–1568. National Gallery, Londres, NG224. Google Arts & Culture vía Wikimedia Commons; dominio público. ↗
← Volver a Homilía diariaXXIX Domingo del Tiempo Ordinario · Jornada Mundial de las Misiones

La imagen que ningún poder puede borrar

Jesús une la responsabilidad ciudadana con la pertenencia fundamental a Dios. En el DOMUND, la dignidad de cada persona y el anuncio de Cristo ensanchan nuestra caridad hacia todos los pueblos.

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Evangelio del día

Mateo 22, 15-21

Jesús une la responsabilidad ciudadana con la pertenencia fundamental a Dios. En el DOMUND, la dignidad de cada persona y el anuncio de Cristo ensanchan nuestra caridad hacia todos los pueblos.

Leccionario del día

La mesa de la Palabra.

  1. Primera lecturaIsaías 45, 1. 4-6
  2. SalmoSalmo 95, 1. 3-5. 7-10
  3. Segunda lectura1 Tesalonicenses 1, 1-5
  4. EvangelioMateo 22, 15-21

La Palabra

Mateo 22, 15-21

15 Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. 16 Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas. 17 Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?» 18 Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? 19 Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario. 20 Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» 21 Dícenle: «Del César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»

Texto: Biblia de Jerusalén · edición entregada por la parroquia

Comentario pastoral

La imagen que ningún poder puede borrar

Domingo 18 de octubre de 2026 XXIX Domingo del Tiempo Ordinario · Jornada Mundial de las Misiones Ciclo dominical A · Ciclo ferial II Lecturas: Isaías 45, 1. 4-6; Salmo 95, 1. 3-5. 7-10; 1 Tesalonicenses 1, 1-5; Mateo 22, 15-21

Una moneda ocupa el centro de la conversación. Jesús ha pedido ver el denario del tributo. Quienes llegaron para atraparlo en una respuesta tienen que mirar ahora la imagen y la inscripción que llevan consigo. La pregunta sobre el impuesto se abre hacia otra más profunda: qué lugar ocupa Dios en una vida atravesada por el dinero, la autoridad y nuestras lealtades.

Los interlocutores buscan una respuesta que pueda volverse contra Jesús. Él descubre la trampa y se mantiene libre. Reconoce lo que corresponde al César y recuerda lo que pertenece a Dios. Hay responsabilidades legítimas en la vida social; ninguna de ellas convierte al poder político en dueño absoluto de la persona. La conciencia necesita permanecer abierta a una verdad y a un bien que superan cualquier autoridad humana.

La palabra εἰκὼν, eikṑn, significa «imagen». En la pregunta de Jesús designa la efigie de la moneda. La tradición cristiana ha contemplado además esta escena a la luz de nuestra creación a imagen de Dios. Francisco lo recordó al comentar este Evangelio en 2017: la imagen del César hace pensar en la imagen divina que cada ser humano lleva consigo. Esta lectura nos conduce a mirar de otra manera los rostros cercanos.

Una moneda puede ser reclamada por una autoridad; una persona posee una dignidad que no depende de su utilidad, de su nacionalidad ni de la aprobación de una mayoría. El enfermo que necesita cuidados, quien llega de otro país y quien piensa distinto participan de esa misma dignidad. Dar a Dios lo que le pertenece compromete el respeto con que hablamos de ellos y las decisiones que afectan sus vidas.

San Juan Crisóstomo, en la homilía setenta sobre Mateo, explica que el cumplimiento de los deberes civiles puede convivir con la fidelidad a Dios. A la vez precisa que no debemos incluir entre los derechos del César aquello que perjudica la piedad. Esta enseñanza pone un límite a toda pretensión de obediencia absoluta. La responsabilidad ciudadana exige una conciencia formada y la disposición a defender el bien por caminos justos.

La primera lectura recuerda que Dios puede actuar en la historia incluso mediante Ciro, que no lo conoce. Ningún poder agota su providencia y ningún pueblo puede apropiarse de Él. Esa amplitud nos invita a reconocer el bien donde aparezca, colaborar con otras personas y renunciar a identificar el Evangelio con un partido. La fe puede iluminar opciones distintas sin dispensarnos de examinar sus consecuencias sobre los más vulnerables.

Nuestra pertenencia a Dios tiene un rostro: Jesucristo. El Hijo asumió nuestra humanidad, entregó su vida para reconciliarnos y resucitó para abrirnos la comunión con el Padre. El Espíritu Santo nos incorpora a esa vida nueva. Por eso la dignidad humana, contemplada desde la fe, despierta gratitud y responsabilidad. Aquel por quien Cristo se entregó merece ser mirado con una atención que resista la indiferencia.

En esta Jornada Mundial de las Misiones, esa verdad nos lleva más allá de nuestras fronteras. El Concilio Vaticano II enseña en Ad gentes que la Iglesia es misionera por su origen en la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio del Padre. La misión brota del amor de Dios que desea reunir a sus hijos. Anunciamos a Cristo porque hemos recibido una esperanza destinada a todos.

El DOMUND nos invita a rezar por quienes anuncian el Evangelio, colaborar generosamente y reconocer nuestra propia responsabilidad misionera. También comienza en el barrio: acercarnos a alguien que ha quedado solo, escuchar a quien desea conocer la fe o recibir con respeto a una familia recién llegada. El anuncio necesita palabras claras sobre Jesús y una caridad que permita reconocer la bondad de lo anunciado.

La carta a los Tesalonicenses recuerda una fe que trabaja, una caridad que se esfuerza y una esperanza perseverante. Ese retrato puede orientar también nuestra vida ciudadana. Cumplamos honradamente las obligaciones, cuidemos los bienes comunes y participemos con responsabilidad. Antes de compartir una acusación, verifiquémosla; antes de reducir a alguien a una etiqueta, recordemos el rostro que esa etiqueta oculta. Una conversación respetuosa también puede servir al bien común.

Al acercarnos a la mesa del Señor, llevemos la vida de nuestro país y las necesidades de todos los pueblos. Pidamos libertad para servir sin idolatrar el poder, valentía para defender la dignidad humana y alegría para anunciar a Cristo. La imagen de Dios en cada hermano nos espera fuera del templo y reclama el amor que aquí recibimos.

Sobre la palabra griega

εἰκὼν (eikṑn): Sustantivo femenino en nominativo singular: designa la imagen de la moneda.

Oremos

Oración final

Padre de todos, enséñanos a reconocer tu imagen en cada persona. Danos una conciencia honrada, un corazón abierto a los pueblos y alegría para anunciar a Jesús. Que nuestra fe sirva al bien común y sostenga la misión de tu Iglesia. Amén.

La oración de la Iglesia

Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.

Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.

Rezar la Liturgia de las Horas

En comunión y al servicio de nuestra comunidad

PárrocoParroquia de los Santos Apóstoles

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Palabra y tradición

Fuentes para seguir profundizando.

Las referencias se presentan separadas del comentario pastoral.