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Homilía diaria

Evangelio · comentario pastoral · oración

Gabriel extiende la mano hacia María, sentada con las manos abiertas; desde lo alto desciende un rayo con una paloma.
La AnunciaciónLa escena entera se concentra en un anuncio y una respuesta libre. Las manos abiertas de María expresan disponibilidad ante la Palabra. Como relación espiritual con la semilla y la levadura, puede recordar que Dios hace crecer su obra desde una acogida que parece pequeña.Kiko Argüello y su equipo · La Anunciación · Archivo visual de la Parroquia Santos Apóstoles ↗
← Volver a Homilía diariaMartes de la XXX semana del Tiempo Ordinario

La paciencia de Dios dentro de la masa

La mostaza y la levadura enseñan a confiar en la fecundidad del Reino. La gracia trabaja en lo pequeño y nos llama a una perseverancia que transforma también la vida familiar.

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Evangelio del día

Lucas 13, 18-21

La mostaza y la levadura enseñan a confiar en la fecundidad del Reino. La gracia trabaja en lo pequeño y nos llama a una perseverancia que transforma también la vida familiar.

Leccionario del día

La mesa de la Palabra.

  1. Primera lecturaEfesios 5, 21-33
  2. SalmoSalmo 127, 1-5
  3. EvangelioLucas 13, 18-21

La Palabra

Lucas 13, 18-21

18 Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? 19 Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.» 20 Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? 21 Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»

Texto: Biblia de Jerusalén · edición entregada por la parroquia

Comentario pastoral

La paciencia de Dios dentro de la masa

Martes 27 de octubre de 2026 Martes de la XXX semana del Tiempo Ordinario Ciclo dominical A · Ciclo ferial II Primera lectura: Efesios 5, 21-33 Salmo: Salmo 127, 1-5 Evangelio: Lucas 13, 18-21

Dos trabajos sencillos

Un hombre pone una semilla en su jardín. Una mujer incorpora levadura a la harina. Con esas tareas Jesús nos acerca al Reino de Dios. No hace falta salir de la vida ordinaria para comenzar a comprenderlo: sus oyentes conocen la tierra, el alimento y la espera. En esas realidades humildes puede abrirse una enseñanza sobre la manera de actuar de Dios.

Las dos parábolas tienen movimiento. La mostaza crece hasta ofrecer ramas donde anidan las aves. La levadura alcanza la masa entera. El comienzo pequeño no permite calcular todo lo que vendrá después. Quien mira solamente el tamaño inicial puede equivocarse acerca de la fuerza que está obrando. Jesús educa nuestra esperanza para que no dependa exclusivamente de lo que hoy conseguimos medir.

También nosotros hacemos cuentas. Cuántas personas llegaron, cuánto mejoró una relación, cuántas veces hemos logrado perseverar. Los resultados importan y conviene revisar nuestro trabajo. Pero hay una fecundidad que necesita tiempo para hacerse visible. Una palabra recibida con atención puede acompañar durante años; una reconciliación empieza a veces con una conversación todavía torpe.

Las aves encuentran cobijo en las ramas que han crecido. El fruto de aquella semilla alcanza a otros. Esta imagen permite preguntarnos por nuestra propia fecundidad: ¿lo que cultivamos abre un lugar para alguien? Una comunidad crece evangélicamente cuando su vida ofrece acogida, alimento para la fe y compañía a quienes llegan.

Una fuerza recibida

San Juan Crisóstomo comenta estas parábolas recordando la pequeñez de los primeros discípulos frente al mundo al que fueron enviados. La fuerza del Evangelio permitió que su misión se extendiera. La levadura le sirve también para exhortar a los cristianos a permanecer cerca de los demás: allí, compartiendo su vida, puede comunicarse el bien que han recibido.

En la segunda imagen aparece ζύμῃ, zýmēi, «levadura». Es algo que actúa dentro de la harina. Esta sencilla observación nos ayuda a contemplar una presencia que transforma desde dentro. La mujer la incorpora a una cantidad grande de masa; el relato conduce nuestra mirada hasta el momento en que todo ha fermentado.

El Reino comienza con la presencia de Jesús entre nosotros. Su vida entregada parece pequeña ante los poderes que deciden su muerte. Sin embargo, el Padre lo resucita y abre una vida que esos poderes no pueden encerrar. Nuestra confianza nace de esa victoria. No estamos obligados a producir por nuestras solas fuerzas la novedad que esperamos: recibimos al Espíritu y colaboramos con su acción.

El papa Francisco, en Evangelii gaudium, invita a creer que Cristo vive, nos ama y sigue actuando en la historia. Retoma precisamente las imágenes de la semilla y la levadura para describir un Reino que ya está presente y continúa desarrollándose de modos diversos. Su crecimiento puede sorprendernos cuando parecía que nada iba a cambiar.

Esto sostiene a quienes trabajan sin reconocimiento inmediato: una catequista que prepara cada encuentro, una persona que acompaña a un familiar, alguien que vuelve a intentar una conversación difícil. La paciencia cristiana tiene manos ocupadas. Revisa, aprende y pide ayuda, mientras deja a Dios aquello que no puede controlar. Esperar no consiste en abandonar la tarea.

La gracia llega a la casa

La lectura de Efesios lleva esta transformación al matrimonio. Comienza llamando a una entrega mutua y presenta el amor de Cristo, que se ofrece por su Iglesia, como medida del amor conyugal. Leída desde ese centro, exige cuidado, fidelidad y responsabilidad por el bien del otro. Nadie recibe permiso para convertir a su cónyuge en una posesión.

Estas palabras nunca deben usarse para justificar maltrato, coacción o silencios impuestos. La entrega cristiana respeta la dignidad y necesita libertad. Cuando existe violencia, proteger a quien la sufre y buscar ayuda adecuada es una responsabilidad. La gracia no pide encubrir el daño; abre caminos de verdad, reparación y cuidado.

En una casa, la levadura puede tener la forma de una costumbre pequeña y constante: escucharse sin pantallas, agradecer una tarea que suele pasar inadvertida, distribuir mejor las responsabilidades, pedir perdón sin añadir una excusa. Un gesto aislado no resuelve todo. Su repetición sincera puede ir cambiando el ambiente donde vivimos.

El Evangelio termina mirando una masa enteramente fermentada. Confiemos al Señor lo que aún parece inmaduro, sin despreciar el bien que ya nos permite hacer. Pongamos hoy la semilla que está en nuestras manos. Tal vez todavía no veamos sus ramas, pero podemos empezar a cuidar el lugar donde crecerán y dar gracias por la vida que Dios prepara.

Sobre la palabra griega

ζύμῃ (zýmēi): Sustantivo femenino en dativo singular, dentro de la comparación del Reino con la levadura.

Oremos

Oración final

Padre bueno, haznos pacientes y constantes en el bien. Que el Espíritu de tu Hijo transforme nuestras casas y comunidades desde dentro. Enséñanos a sembrar con responsabilidad, a cuidar sin dominar y a confiarte los frutos que todavía no podemos ver. Amén.

La oración de la Iglesia

Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.

Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.

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En comunión y al servicio de nuestra comunidad

PárrocoParroquia de los Santos Apóstoles

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Palabra y tradición

Fuentes para seguir profundizando.

Las referencias se presentan separadas del comentario pastoral.