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Homilía diaria

Evangelio · comentario pastoral · oración

Doce figuras apostólicas con nimbos, libros y rollos se agrupan bajo un medallón de Cristo en un icono ruso antiguo.
Sinaxis de los doce apóstolesLa Sinaxis de los doce apóstoles presenta una comunidad reunida bajo Cristo. Los rostros y los mantos son distintos, pero los libros y rollos expresan una misma misión recibida. La obra contempla a la Iglesia apostólica y acompaña el relato de la elección que hace Lucas. En la fiesta de Simón y Judas, recuerda que la misión nace de la oración de Jesús y se vive en comunión: somos llamados para acercar a otros la Palabra que sana.Iconógrafo ruso anónimo · Sinaxis de los doce apóstoles · Hacia 1432. Imagen: Reproducción difundida por Wikimedia Commons, procedente de icon-art.info. Dominio público; reproducción PD-Art / Public Domain Mark ↗
← Volver a Homilía diariaSantos Simón y Judas, apóstoles

Llamados al amanecer, enviados a servir

La elección de los apóstoles nace de la oración de Jesús y desemboca en el encuentro con quienes sufren. Simón y Judas nos recuerdan que recibimos la fe en una Iglesia apostólica y somos llamados a servir en comunión.

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Evangelio del día

Lucas 6, 12-19

La elección de los apóstoles nace de la oración de Jesús y desemboca en el encuentro con quienes sufren. Simón y Judas nos recuerdan que recibimos la fe en una Iglesia apostólica y somos llamados a servir en comunión.

Leccionario del día

La mesa de la Palabra.

  1. Primera lecturaEfesios 2, 19-22
  2. SalmoSalmo 18, 2-5
  3. EvangelioLucas 6, 12-19

La Palabra

Lucas 6, 12-19

12 Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. 13 Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. 14 A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, 15 a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; 16 a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 17 Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, 18 que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. 19 Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Texto: Biblia de Jerusalén · edición entregada por la parroquia

Comentario pastoral

Llamados al amanecer, enviados a servir

Miércoles 28 de octubre de 2026 Santos Simón y Judas, apóstoles Ciclo dominical A · Ciclo ferial II · Lecturas propias de la fiesta Primera lectura: Efesios 2, 19-22 Salmo: Salmo 18, 2-5 Evangelio: Lucas 6, 12-19

Una noche antes de los nombres

Antes de nombrar a los Doce, Lucas nos deja junto a Jesús durante una noche de oración. El Señor ha subido al monte y permanece vuelto hacia el Padre. Al amanecer llama a sus discípulos y elige de entre ellos a los apóstoles. La misión que recibirán tiene su comienzo en esa relación viva del Hijo con el Padre.

Hoy celebramos a Simón y Judas. Sus nombres aparecen entre los elegidos, aunque conocemos pocos detalles de sus vidas. La sobriedad del Evangelio nos hace bien: no necesitamos completar sus historias con escenas imaginadas para reconocer la obra de Dios. Fueron llamados por Jesús y pertenecen al fundamento apostólico sobre el que seguimos recibiendo la fe.

Lucas distingue a Judas de Santiago de Judas Iscariote. También recuerda que este último llegó a traicionar al Señor. La elección es un don real, confiado a personas cuya libertad sigue abierta. Nadie puede convertir una vocación recibida en garantía de su propia fidelidad. Todos necesitamos permanecer cerca de Jesús, dejarnos corregir y responder a su gracia.

Una fe que nos precede

La primera lectura presenta a la comunidad como una casa que Dios construye. Los apóstoles y profetas pertenecen a su fundamento, mientras Cristo es la piedra que mantiene unida la edificación. Esta imagen nos sitúa: nadie empieza la Iglesia desde sí mismo. Entramos en una historia recibida, sostenida por el Señor y abierta a quienes todavía se sienten extraños.

San Ireneo de Lyon explica que la enseñanza de los apóstoles puede reconocerse públicamente en las Iglesias y en la sucesión de quienes recibieron su ministerio. La fe cristiana no depende de un secreto reservado a unos pocos. Ha sido confiada a comunidades concretas para que la conserven, la anuncien y permitan a todos encontrar la verdad.

Esta continuidad tiene un centro vivo: Jesucristo, muerto y resucitado. Los apóstoles anunciarán su victoria sobre el pecado y la muerte, y el Espíritu hará fecundo ese testimonio. También nuestro bautismo nos incorpora a esa vida. Pertenecemos a Cristo y recibimos hermanos; la fe que profesamos nos vincula con una comunión más amplia que nuestras preferencias personales.

Cuando profesamos que la Iglesia es apostólica, reconocemos por eso una tarea compartida: recibir con gratitud lo que nos ha sido transmitido y procurar entregarlo fielmente. Una familia que enseña a rezar, una comunidad que prepara el bautismo y un cristiano que explica su esperanza participan de esa responsabilidad, cada uno según su vocación.

El Concilio Vaticano II enseña en Lumen gentium que Jesús reunió a los apóstoles como un grupo estable, con Pedro al frente, para enviarlos al servicio de su pueblo. Añade que esa misión continúa mediante sus sucesores. La apostolicidad de la Iglesia conserva así el vínculo con el envío de Jesús y la responsabilidad de anunciar su Evangelio.

Esa responsabilidad pide fidelidad, formación y transparencia. La comunión eclesial crece cuando escuchamos juntos la Palabra, celebramos los sacramentos y procuramos servir con verdad. Quienes tienen autoridad necesitan oración y también una comunidad donde sea posible expresar preguntas y advertir daños. El ministerio recibido está al servicio del rebaño que Cristo ama.

Del monte al encuentro

Después de la elección, Jesús baja con ellos. El Evangelio pasa de los nombres a una multitud que viene para escucharlo y ser curada. Hay personas de Judea, Jerusalén y las regiones de Tiro y Sidón. El horizonte se ensancha. Los elegidos comienzan a aprender qué significa estar con el Maestro viendo cómo recibe a quienes lo buscan.

La oración de la noche y el cuidado del día pertenecen al mismo camino. También una parroquia necesita ambos: tiempo para escuchar al Señor y disposición para recibir a quien llega con una necesidad concreta. Si nuestras reuniones nos vuelven incapaces de atender una pena, debemos preguntarnos qué hemos aprendido de Aquel que baja del monte.

Antes de una decisión importante, reservemos un momento verdadero para orar. Podemos presentar al Padre las personas que serán afectadas, reconocer nuestras ambiciones y pedir libertad para buscar su bien. Después habrá que conversar, informarse y decidir responsablemente. La oración prepara un corazón disponible para esas tareas, sin sustituirlas.

En esta fiesta demos gracias por quienes nos transmitieron el Evangelio y recemos por nuestros pastores. Simón y Judas nos ayudan a reconocer el valor de una fidelidad cuyo fruto supera lo que conocemos de ella. Al acercarnos a la Eucaristía, llevemos también a quienes esperan una visita, una escucha o una mano tendida: el Señor que nos reúne vuelve a enviarnos hacia ellos.

Oremos

Oración final

Señor Jesús, que llamaste a Simón y Judas después de orar al Padre, conserva a tu Iglesia fiel al Evangelio. Sostén a nuestros pastores, purifica nuestra libertad y enséñanos a unir la oración con el servicio. Haznos testigos de tu resurrección. Amén.

La oración de la Iglesia

Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.

Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.

Rezar la Liturgia de las Horas

En comunión y al servicio de nuestra comunidad

PárrocoParroquia de los Santos Apóstoles

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Palabra y tradición

Fuentes para seguir profundizando.

Las referencias se presentan separadas del comentario pastoral.