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Homilía diaria

Evangelio · comentario pastoral · oración

Leccionario del día

La mesa de la Palabra.

  1. Primera lecturaFilipenses 4, 10-19
  2. SalmoSalmo 111, 1-2. 5-6. 8-9
  3. EvangelioLucas 16, 9-15

La Palabra

Lucas 16, 9-15

9 «Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas.

10 El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho.

11 Si, pues, no fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero?

12 Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?

13 «Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.»

14 Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de él.

15 Y les dijo: «Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.

Texto: Biblia de Jerusalén

Comentario pastoral

Sábado 7 de noviembre de 2026

Un corazón libre para compartir

Una mujer arrodillada abraza las rodillas de Mammon, que sostiene una bolsa de oro.

Contemplar la imagen

La adoración de Mammon

La mujer se aferra a las rodillas de una figura enorme, mientras la bolsa de oro permanece elevada y fuera de su alcance. La composición representa la riqueza convertida en ídolo: promete seguridad, pero acaba pidiendo sometimiento.

Esta alegoría ilumina la advertencia de Jesús: no podemos servir a Dios y al dinero. El Evangelio nos invita a recuperar la libertad para que los bienes sostengan la vida y se conviertan en cuidado del hermano.

Hermanos:

Hay cosas que necesitamos para vivir y que, poco a poco, pueden terminar gobernándonos. El dinero permite sostener una casa, educar a los hijos, cuidar a un enfermo. Pero también puede ocupar tanto espacio que acabemos midiéndolo todo por lo que cuesta, por lo que produce o por lo que nos conviene.

Jesús conoce ese peligro y nos invita a mirar el corazón: ¿qué sostiene nuestra confianza? ¿Qué lugar queda para Dios y para los demás?

Aprender a vivir sostenidos por Cristo

San Pablo ha conocido la abundancia y la escasez. Su serenidad ha crecido en medio de ambas. Cuando dice: «Todo lo puedo en aquel que me conforta», habla de la fuerza que recibe para permanecer fiel incluso en la dificultad.

Podemos hacer nuestra esa oración cuando las cuentas no cuadran, cuando aparece un gasto inesperado o cuando el futuro nos inquieta. El Señor no desprecia esas preocupaciones. Podemos presentárselas y pedir ayuda. La fe nos permite atravesarlas sin entregarles el gobierno de nuestra vida.

Esa libertad también se aprende cuando tenemos suficiente: dando gracias, reconociendo cuánto hemos recibido y resistiendo la necesidad de compararnos siempre con otros.

Convertir los bienes en cuidado

Pablo agradece que los filipenses hayan compartido su dificultad. Su ayuda tenía un valor que iba más allá de lo material: le hacía experimentar que pertenecía a una comunidad y que su sufrimiento importaba a otros.

También nosotros podemos dar ese significado a lo que administramos. Un alimento, una medicina, un sueldo pagado justamente, una ayuda discreta pueden decirle a alguien: tu vida tiene valor para mí.

El salmo presenta al justo como una persona generosa y recta en sus asuntos. La caridad y la honradez caminan juntas. La prudencia al administrar no debe convertirse en indiferencia ante quien necesita.

Ser fieles en lo pequeño

El Evangelio nos devuelve a las decisiones de cada día. Allí se forma el corazón: en una cuenta transparente, una promesa cumplida, una compra que podemos postergar, un bien que sabemos compartir.

No necesitamos esperar una gran ocasión para comenzar. Hoy podemos revisar con sinceridad alguna decisión y preguntarnos si nos hace más disponibles para amar o más encerrados en nosotros mismos.

En la Eucaristía recibimos a Cristo, que se entrega por nosotros. Su generosidad alimenta la nuestra. De Él podemos aprender a tener las manos ocupadas en el trabajo y abiertas al hermano.

Señor Jesús, danos un corazón libre. Enséñanos a recibir con gratitud, a administrar con justicia y a compartir con alegría. Que nuestros bienes sirvan al amor y que nuestra confianza permanezca en ti. Amén.

AMDG

La oración de la Iglesia

Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.

Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.

Rezar la Liturgia de las Horas

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Fuentes y referencias.