Parte 2 · Capítulo 21
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
COMO SE HA DE COMULGAR
Tramo 1 de 3
La noche anterior, comienza a prepararte para la Sagrada Comunión, con muchas aspiraciones y deseos amorosos, y acuéstate a la hora conveniente, para que puedas levantarte temprano. Y, si, durante la noche te despiertas, llena enseguida tu corazón o tu boca de palabras olorosas, con las cuales sea tu alma perfumada para recibir al Esposo, el cual, en vela, mientras tú duermes, se prepara para traerte mil gracias y favores, si tú, por tu parte, estás en disposición de recibirlos. Por la mañana, levántate con gran alegría, por la bienaventuranza que esperas, y una vez confesada, ve con gran confianza, mas también con gran humildad, a recibir este pan celestial, que te alimenta para la inmortalidad. Y, después que hubieres dicho estas palabras: «Señor, yo no soy digna», no muevas más la cabeza ni los labios, ni para rezar ni para suspirar, sino que, abriendo con suavidad la boca y levantando lo necesario la cabeza, para que el sacerdote pueda ver lo que hace, recibe, llena de fe, de esperanza y de caridad, a Aquel, en el cual, por el cual y para el cual, crees, esperas y amas. ¡Oh Filotea! imagínate que, así como la abeja, después de haber chupado de las flores el rocío del cielo y el néctar más exquisito de la tierra, y, después de haberlo convertido en miel, lo lleva a su panal, de la misma manera, el sacerdote, después de haber tomado del altar el Salvador del mundo, verdadero Hijo de Dios, que, como rocío, desciende del cielo, y verdadero Hijo de la Virgen, que, corno una flor, ha brotado de la tierra de nuestra humanidad, lo pone, como manjar de suavidad, en tu boca y en tu corazón.
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